Las memorias de María Cecilia Santos se reconocen en el libro

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Las memorias de María Cecilia Santos se reconocen en el libro

22 octubre, 2018 | support | novedades

Las personas que no vemos, vemos más, dice María Cecilia Santos, de 47 años. “La oscuridad ahora se convirtió en luz, ahora veo mejor y veo más”, sentencia, en el salón azul de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), donde presentó su libro Una vida sin límites. Ella ha vivido los últimos 18 años en completa ceguera.

Cessi, como la conoce su familia, nació en Los Ángeles, Estados Unidos, y creció en Guayaquil, siempre estuvo ligada al mundo de las artes; se graduó como artista plástica en la Universidad San Francisco de Quito y se especializó en Westchester Community College de Nueva York.

Su vida transcurría entre lienzos, esculturas, cuadros hasta que el 24 de julio de 1984 decidió ir a almorzar con su enamorado. Ese día, María Cecilia vestía de blanco. “Me acuerdo haberme subido al auto, era azul”, dice, “de ahí no me acuerdo más”.

En los siguientes dos meses su memoria se quedó en cero, no recordaba su nombre, su edad, ni su cara. “Después de quejarme con Dios, porque siempre viene la crítica, la queja de por qué Dios me hizo eso, por qué tuve que ser yo, si admiraba tanto la vida, los colores… Bueno, luego vino la aceptación gracias a que Dios me ayudó, Dios me dio la fuerza, el entendimiento para poder soportar este sufrimiento tan grande”, cuenta.

Al consultársele si en algún momento se siente en tinieblas, en la oscuridad, ella responde: Sí. Pero para mí la luz no es física, es el bienestar, la felicidad, la paz. Estoy en la oscuridad, pero no vivo a oscuras. Estoy en la oscuridad, pero siento que estoy más iluminada que antes, tengo más luz que antes, a pesar de que no veo nada, mi oscuridad no es ausencia de luz. Simplemente no le tengo miedo a la oscuridad.

Y sobre por qué decidió escribir un libro, cuenta: “Tuvieron que pasar 18 años después de perder la vista para convencerme de que tenía que escribir, pero fue realmente porque muchas personas que escuchaban mis charlas de motivación me decían que debería escribir mi libro, pero nunca pensé que podía hacerlo, porque no soy escritora”. “En 2013 fui al hospital con mi papá y él le contó cosas asombrosas a la neuróloga, y dije: guau, esta historia está impresionante, tengo que saber más. Después empezaron a llegar los recuerdos”, dice entre risas. (I)

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